Caitlin Casey, profesora de Astronomía en la Universidad de Texas

“Intentamos comprender cómo se forman los cúmulos de galaxias en el universo temprano”

Caitlin Casey durante su estancia en el IAC. Crédito: Viktor Rivera (IAC).
Caitlin Casey durante su estancia en el IAC. Crédito: Viktor Rivera (IAC).

Cuando era una niña, Caitlin Casey acudía al planetario de su escuela con mucha frecuencia, fascinada por los objetos celestes que allí podía descubrir. Años después, ya como profesora de Astronomía en la Universidad de Texas, Austin (EE.UU.), confiesa que su pasión por esta ciencia nació en esa época y hoy disfruta enseñándola e investigando sus temas predilectos: las galaxias más masivas y luminosas del Universo, unos objetos tan extremos y complejos que suponen un reto a la hora de hacer simulaciones cosmológicas.

Utilizando observaciones submilimétricas, se propone conocer cómo estas galaxias se formaron y evolucionaron desde justo después del Big Bang hasta nuestros días y, por este motivo, ha estado recientemente el Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC) como Investigadora Visitante del Programa Severo Ochoa que busca la colaboración científica entre instituciones punteras de investigación.

Ella trabaja junto con Helmut Dannerbauer en galaxias ultraluminosas. “Estamos intentando comprender cómo se forman los cúmulos de galaxias en el universo temprano –afirma Casey-. A través de las observaciones, encontramos el fondo cósmico de microondas, que nos aporta información de los primeros instantes del Universo y después no tenemos más información hasta que vemos los primeros cúmulos de galaxias a un desplazamiento al rojo de 1,5 (unos 4,000 millones de años después del Big Bang)”.

La realidad, por tanto, es para más de la mitad de la edad del Universo no hay información “sobre cómo estas grandísimas estructuras colapsan”. Por eso están intentando averiguar “si estas galaxias ultraluminosas son buenos trazadores de los cúmulos de galaxias que están en colapso o formación”, afirma en una entrevista publicada por el IAC.

Y en este reto juegan un papel especial las galaxias polvorientas que forman estrellas a gran velocidad, ya que “son relativamente raras, complejas y únicas” porque “forman estrellas a un ritmo muy alto, por lo que a menudo las simulaciones cosmológicas no consiguen reproducirlas”. “Utilizamos esta población de galaxias para entender en detalle cómo ocurre la formación galáctica en ese punto extremo y, si no podemos reproducir este tipo de objetos, es que quizás nuestro entendimiento de la formación de galaxias en general no es del todo correcto”, añade la profesora estadounidense.

En la formación de estrellas
En su opinión, “si queremos aprender algo sobre la formación estelar en el universo temprano, no podemos observar únicamente la luz de las estrellas, sino que tenemos que estudiar la luz que emite el polvo”. “Esa es la importancia de los rangos infrarrojo y submilimétrico del espectro, ser capaces de ver a través del polvo.

Durante su estancia en el IAC ha estado trabajando principalmente en el uso de estos trazadores submilimétricos “para encontrar cúmulos de galaxias en formación o los progenitores de los cúmulos masivos de galaxias”, pero también está involucrada en una investigación que trata de encontrar las galaxias polvorientas y con alta formación de estrellas más lejanas del universo temprano.

“Para conseguirlo tenemos que ser muy creativos con nuestros cartografiados del cielo, ya que es muy difícil encontrarlas y, en parte, por eso no las conocemos tanto –continúa-. Es particularmente interesante encontrar estas galaxias en el universo primitivo cuando no han tenido mucho tiempo para formarse y evolucionar. Aun así, las galaxias que hemos encontrado son muy extremas en comparación con galaxias más comunes. Tienen mucho polvo, gas y estrellas y queremos saber cómo pudo suceder todo eso en menos de mil millones de años después del Big Bang”.

Obstáculos en el camino
Caitlin Casey advierte de que, como mujer, ha encontrado muchos obstáculos en su trayectoria investigadora, sobre todo a medida que iba promocionando. “En particular, ya como investigadora postdoctoral, tuve que lidiar con mucho acoso, además de formas más indirectas o sutiles, lo que puede comenzar a convertirse en una carga sobre tu trabajo, tu productividad y tu creatividad cuando tienes que gastar un 10 o 20 por ciento de tu tiempo pensando en estos otros temas que no tienen nada que ver con la Ciencia, sino con las interacciones humanas y el hecho de que sabía que no habría sucedido si yo fuera un hombre”.

Esta profesora de la Universidad de Texas disfruta “asesorando a los estudiantes, enseñando Astronomía en el aula, ayudando a otros con sus carreras y pensando en todas estas ideas científicas cada día”. “Me gusta que todos los días puedo ser creativa y puedo hacer algo diferente”, añade.

Por último, subraya la importancia de comunicar la ciencia a la sociedad. “Cuando enseño Astronomía en la universidad, no necesito que memoricen ciertos hechos sobre lo que les estoy enseñando. Únicamente quiero que no sean analfabetos científicamente hablando, porque para mí es importante que cuando sean mayores, cuando ocupen posiciones de poder y estén en posición de votar sobre ciertas políticas, elegir a nuestros representantes o, simplemente, entender el papel de los diferentes organismos en el Gobierno y cómo educar al público, comprendan bien lo que es y lo que significa la Ciencia”.

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