Blanca de la Sotilla. Imagen: Marta Pérez.

Aunque admite que es ‘de ciencias’ –estudio Económicas- Blanca de la Sotilla siempre acompañó su formación académica, “muy cuadriculada”, de un desarrollo creativo paralelo que pasó por distintas ‘fases’: pulseras y pendientes, figuras de crochet, papelería, pintura…Pero en el hobby que ha terminado por convertirse en su vida profesional tuvo mucho que ver su madre. “Ella siempre andaba con las agujas y con la máquina de coser a cuestas por casa. y me inculcó el gusto por lo artesanal; primero con tapices básicos de punto de cruz para niños y, más adelante, cuando me enseñó a tejer y a hacer crochet”, recuerda la emprendedora.

Tras dedicarse varios años a las finanzas, la fundadora del telar Tunki Crafts, hizo las maletas dispuesta a cambiar de vida. Un viaje que la llevó a vivir en Perú durante tres años. “Desde la primera vez que vi a las maestras indígenas trabajar  con el telar de cintura algo me hipnotizó y enseguida quise aprender el oficio”. Viajó por todo el continente y conoció las técnicas tejedoras de distintas culturas. “Con cada viaje mejoraba y definía mi propio estilo; contemporáneo pero de inspiración tradicional”.

Cuando se disponía a volver a España la idea de su actual empresa ya le rondaba con fuerza.  Para ello, contó con el apoyo de las personas “que más te quieren y te conocen”, pero no escapó a las críticas de aquéllos a los que tejer nos les parece un trabajo serio. Pese a todo,  Tunki Crafts abría sus puertas en Menorca para crear piezas hechas a mano; diseños propios de Blanca Sotilla y confección de textiles para el hogar a los que se suman complementos de moda unisex como fulares, bufandas e incluso sombreros.

La emprendedora, en pleno proceso de trabajo. Imagen: Marta Pérez.

La emprendedora dice que cada una de sus piezas tiene que reunir tres requisitos: materia prima de extraordinaria calidad (compuestas exclusivamente de fibras naturales), pasión por el trabajo bien hecho y cuidado exquisito de los detalles. El carácter vocacional del proyecto encaja con un buen momento para la artesanía. De la Sotilla opina que, si bien esta tendencia está al alza, “estamos demasiado acostumbrados a los precios de los productos industriales, lo que complica otorgar a las piezas hechas mano y con materiales de calidad –en su caso alpaca, baby alpaca, lana merino y lino- el valor que merecen”.

Resume sus planes más inmediatos en seguir haciendo las cosas como hasta ahora. “Lo más importante es que la respuesta de los clientes es muy positiva. El objetivo es seguir disfrutando del proceso creativo de cada producto mientras la marca se consolida y llega cada vez a más gente”.

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