olivos

España cuenta con 2,5 millones de hectáreas dedicadas al cultivo del olivo, un árbol cuya presencia se extiende a más del 60% del territorio nacional. Además, el sector factura 1.800 millones al año tanto en la producción de aceitunas como de aceite de oliva. Sin embargo, se trata de un cultivo muy afectado por enfermedades y plagas para las que el sector busca nuevas soluciones.

Por este motivo se ha puesto en marcha un grupo de investigación suprautonómico, SALUDOLIVAR, que tiene como objetivo desarrollar nuevas estrategias integrales, basadas en la biotecnología, para el control de las plagas de insectos y las enfermedades emergentes que más impactan en la productividad y el rendimiento de las explotaciones oleícolas. La iniciativa, que cuenta con la participación de la cooperativa OLEOESTEPA, el Instituto de Agricultura Sostenible (IAS), la asociación IBMA (International Biocontrol Manufacturers Association), y AINIA Centro Tecnológico, ha puesto en su punto de mira tanto a plagas y enfermedades emergentes, (como es el caso de la Xylella), como las endémicas (Verticilosis y Mosca del Olivo).

Según advierten desde SALUDOLIVAR, “en la actualidad, los métodos de control y detección de estas plagas no advierten las enfermedades que pueden afectar al olivo en los estadios iniciales, sino que sólo las detectan cuando ya están establecidas”. Por eso, el trabajo se desarrollará teniendo en cuenta “todos los puntos de vista posibles: prevención, detección temprana y tratamiento de árboles ya contaminados”. Asimismo, los objetivos de este grupo también pasan por aumentar la productividad en los campos de olivos, reducir el uso de fitosanitarios químicos y mejorar la calidad de los aceites finales obtenidos.

Tecnologías avanzadas e identificación temprana

Para lograr estos objetivos, se han puesto en marcha tres líneas de I+D de marcado carácter biotecnológico. La primera está relacionada con la prevención, desarrollando técnicas que eviten la entrada de nuevos patógenos y productos fitosanitarios de base biológica, que eviten el contagio en el campo.

En un segundo grupo están las acciones correctivas, es decir, el desarrollo de productos fitosanitarios de base biológica para el tratamiento de enfermedades presentes, así como para el control biológico de plagas y otros elementos transmisores.

Finalmente, las acciones de control y detección consistirán en la implementación de sistemas automatizados para la monitorización de cultivos y la detección temprana de enfermedades y plagas.

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