La historia de Begoña Gugel es un viaje de ida y vuelta con múltiples destinos pero una sola capital. Con 14 años leyó “Dioses, Tumbas y Sabios”, un libro que no había llegado de casualidad a la biblioteca familiar. “A mi padre le habría gustado estudiar Historia, incluso llegó a matricularse en la UNED. Desde ese momento quise ser arqueóloga”. Tiempo después, “una bonita mañana de septiembre”, cuando estudiaba el tercer curso de la licenciatura de Prehistoria y Arqueología, visitó el castro celtibérico de El Raso, en Candeleda (Ávila) y unos trabajos dirigidos por Fernando Fernández. “Él había excavado en Heracleópolis Magna, en Egipto y  supe que era allí donde quería trabajar, pero que tendría que formarme. Entonces no existían muchos sitios donde estudiar cultura egipcia; empecé con la escritura jeroglífica y cursos. Acabé la carrera y a la vez tuve a mi hija mayor…”

Tras esa primera maternidad vinieron dos más, y pasaron unos años antes de que Gugel decidiera volver a la universidad para hacer el doctorado.  Gracias a una beca de la UAM viajó a El Cairo para una estancia breve de investigación. Aquellos días fueron decisivos. “Me presentaron a Adam Lowe –fundador de la empresa Factum Arte- que entonces buscaba dónde exponer el facsímil de la tumba de Tutmosis III, así que ni corta ni perezosa se lo propuse al Museo Arqueológico Nacional (MAN). Gracias al que era su director, Miguel Ángel Elvira, y a la Fundación Banco Santander, ¡teníamos exposición!”

Begoña Gugel.

Gugel explica cómo desde entonces algunas puertas se empezaron a abrir con más facilidad, incluidas las del propio MAN, y en un momento especial para el museo. “Empecé a colaborar con su departamento de Egipto y Próximo Oriente justo cuando empezaron las obras de su última gran remodelación así que viví de cerca las complejidades del traslado de tantas piezas. Fue apasionante”.

Tras explorar “las tripas del MAN”, coordinó el Proyecto Domus, del Ministerio de Cultura, en un buen número de instituciones culturales de  primer nivel como el Museo del Traje, el Museo Sorolla, el Museo de Artes Decorativas, el Museo Antropológico, el Museo Romántico o el Museo de América… “Pero llegó la crisis, y con ella la paralización de estos proyectos”, recuerda Gugel, que decidió ir a la contra y enrolarse en un proyecto junto al productor de cine y TV Jesús Guerín que se proponía la digitalización y exposición de la tumba de Nefertiti, “pero como suele pasar con estas iniciativas culturales, aún no hemos encontrado financiación”.

Después de coordinar en Cartagena la catalogación del ‘Tesoro de La Mercedes’, ha vuelto a Madrid donde, “entre campaña y campaña en Egipto”, imparte conferencias, colabora con una editorial en la elaboración de textos de Historia Antigua, ejerce como guía en Caixaforum o el MAN –admite que la divulgación le apasiona- y, “por fin”, se ha decidido a finalizar su Tesis Doctoral tras matricularse en la Universidad de Alcalá de Henares.

Además, pronto va a poner en marcha una empresa de viajes a Egipto con la que quiere ofrecer algo distinto a la oferta habitual. “Cuando hablo con gente y les pregunto por los lugares que han visitado me da la sensación de que no han visto monumentos y lugares esenciales y que les llevan a la carrera. Mi propuesta es hacer un viaje diferente, con grupos más reducidos y además con el incentivo de llevar una guía egiptóloga”.

Pese al que “Hollywood ha hecho mucho daño” en un extraño coctel de marcianos, esclavos o una imagen distorsionada de Cleopatra, Gugel invita a rescatar algunos consejos que han perdurado desde la época de los faraones como que “nada es eterno, que estamos aquí de paso” o que, “si no conocemos nuestra Historia, estamos condenados a repetirla”. También señala que el vínculo España-Egipto es más fuerte de lo que muchos imaginan y apunta el caso de Pedro Páez, misionero jesuita español, y el primer occidental que llego a las fuentes del Nilo en 1613; o el de Eduardo Toda, diplomático en Egipto que al final de sus días vendió su colección de antigüedades a España en el siglo XIX. El también diplomático Ángel Sagaz liberó a 1.500 judíos presos en Egipto y el Templo de Debod está en Madrid gracias a la colaboración de ambos gobiernos en el salvamento de los templos egipcios llevado a cabo por la UNESCO.

Sobre el terreno

Begoña Gugel es una de las integrantes del proyecto de la Universidad de La Laguna para la excavación y conservación de una de las grandes tumbas de la necrópolis tebana, la TT 209, cuya cronología es de la Dinastía XXV, de origen nubio. Ella se encarga de documentar los materiales que excavan en cada campaña. La misión arqueológica ha realizado ya seis campañas y están a punto de viajar rumbo a una séptima aventura.

El equipo cuenta con el permiso del Ministry of State for Antiquities, cuyo Comité Permanente de Egiptología les concedió el yacimiento como misión autónoma en febrero de 2012. La tumba se encuentra al sur de la necrópolis del Asasif, en la orilla occidental de Luxor. “Esta es una de las zonas arqueológicas más importantes del planeta –detalla Gugel- y una de las áreas menos trabajadas de esta necrópolis, por lo que nuestro yacimiento aporta también la novedad de estar en un emplazamiento poco estudiado y, en consecuencia, mal documentado”.

El equipo-familia del proyecto TT 209. Imagen: José Miguel Barrios.

Gugel añade que uno de los principios del proyecto es aplicar en Egipto las metodologías de investigación arqueológica punteras que se desarrollan en occidente “siempre que tengan cabida en la restrictiva legislación del país sobre este tipo de actuaciones”. En el equipo se han integrado desde las primeras campañas especialistas de diversas disciplinas como Bioantropología, Geología y Geoarqueología, Antracología, etc. “Damos también mucha importancia a las novedades metodológicas y técnicas para la toma de datos topográficos de los sedimentos excavados”.

Las jornadas laborales del TT209 son “agotadoras” y, a la vez, Begoña Gugel dice sin pensarlo dos veces que Egipto es la experiencia de su vida. Las campañas discurren en su propia cotidianeidad. “Nuestra casa está frente a Los Colosos; imagina salir a trabajar cada mañana y poder saludarles. Antes de la salida del Sol ya estamos en el yacimiento, donde nos esperan los trabajadores egipcios y una rutina parecida: saludos, bromas, alguna foto, ¡y a trabajar! Los fines de semana aprovechamos para visitar todas las tumbas y templos que podemos”.

Gugel se ocupa de documentar la excavación.

En el apartado negativo, Gugel lamenta la inestabilidad laboral y económica, una sombra que planea su actividad ligada a las dificultades, también faraónicas, para obtener financiación. “Es complicado ofrecer a la mayoría de las grandes empresas un proyecto donde no hay un inmediato retorno de la inversión. Vivimos en una sociedad pragmática, en la que la cultura ‘no vende’. En otros países, la financiación privada tiene más que decir porque se dan una serie de ventajas fiscales inexistentes en España”.

No hay dinero, pero sí mucho trabajo por delante. “Todo Egipto es un enorme yacimiento arqueológico en el que sólo conocemos una quinta parte de lo que existió”. Una tarea que ha de convivir en paralelo con el problema de la conservación del patrimonio que sale a la luz. “Lo ya excavado tiene que ser cuidado y presentado para que pueda ser visitable. Esto implica un esfuerzo económico impresionante, y es uno de los motivos por los que las autoridades egipcias conceden nuevos permisos con cuentagotas”, concluye Gugel.

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