ana botin
La presidenta de Banco Santander, Ana Botín, durante el Investor Day 2019 de la entidad celebrado en Londres el pasado 3 de abril.

La presidenta del Banco Santander, Ana Botín, anunció hace pocas semanas que su grupo invertirá 20.000 millones de euros en tecnología y transformación digital en cuatro años, empezando por 5.600 millones en 2019. En términos anuales, esa cantidad equivale a una vez y media todo el volumen de financiación agregada de capital que recibió el conjunto de nuevas empresas fintech en Europa en 2018, que fue de 3.200 millones, según datos recabados por Bloomberg.

En el sector, además, la cifra anunciada por Santander es la quinta mayor que prevén invertir los grandes bancos internacionales, ya que los cuatro grandes norteamericanos (JP Morgan, Bank of America, Wells Fargo y Citigroup) han desvelado igualmente volúmenes muy importantes de gasto tecnológico en los próximos años, también largamente superiores a los desarrollos fintech de 'neobancos', en consonancia con sus respectivas cuotas de mercado. La mayor inversión anual la desarrollará JP Morgan, con 11.400 millones.

Mark Tluszcz, uno de los inversores de capital riesgo de referencia en la actualidad y socio de la firma luxemburguesa Mangrove Capital, firma de capital de riesgo con sede en Luxemburgo, ha afirmado recientemente que “soy más pesimista que nunca con las startups financieras. Aunque a todos nos gusta odiar a nuestro banco, aún confiamos fundamentalmente en el banco que garantiza que, si ponemos nuestro dinero allí, no desaparecerá de la noche a la mañana. Las fintech luchan por ganarse esa confianza".

'Neobancos' digitales de toda Europa, como el alemán N26, los británicos Atom, Revolut o Monzo Bank Ltd, el holandés Adyen o el sueco Klarna, han atraído en los dos últimos años a varios millones de clientes ofreciendo beneficios como transferencias de dinero con comisiones muy bajas o tarjetas de débito prepagos sin gastos de transacción en el extranjero. Pero lo que no han conseguido respecto de los bancos tradicionales es que la gente domicilie sus nóminas o los convierta en su banco principal, aquel donde depositan sus ahorros, contratan sus hipotecas y seguros o invierten sus fondos.

Esta circunstancia es clave para que los bancos tradicionales estén ahora intentando vencer a las fintech también en su propio juego: la innovación. Las inversiones del Santander en tecnología y transformación beneficiarán a sus diez mercados principales, esos donde cuenta con servicios bancarios plenos para clientes, y también a la otra veintena de países donde ofrece financiación al consumo y banca corporativa. Además, ha lanzado en España el que ya es el mayor banco plenamente digital del país, Openbank, que está sirviendo como plataforma de innovación global para todo el grupo y que tras su éxito español se prepara ahora para abrir en otros países a muy corto plazo, empezando por Alemania.

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