Imagen de la Ciudad de México en 2014. / Pixabay.

Pasar mucho tiempo en atascos aumenta los síntomas depresivos. Así lo ha demostrado un reciente estudio que analiza las relaciones entre patrones de viaje y salud mental en individuos de 11 ciudades de América Latina: Buenos Aires (Argentina), Bogotá (Colombia), Caracas (Venezuela), Fortaleza (Brasil), La Paz (Bolivia), Lima (Perú), Ciudad de México (México), Montevideo (Uruguay), Ciudad de Panamá (Panamá), Quito (Ecuador) y São Paulo (Brasil).

El trabajo, publicado en la revista Journal of Transport & Health, y realizado por investigadores de la Universidad Nacional de Singapur (Singapur), la Universidad de California, Berkeley (EE. UU.) y la Universidad de los Andes (Colombia), se basa en una encuesta del Banco de Desarrollo de América Latina (CAF), realizada a más de 5.000 personas, entre noviembre de 2016 y enero de 2017, así como en la escala de tamizaje de depresión del Centro de Estudios Epidemiológicos (CESD-10). El análisis toma también en cuenta factores socio-demográficos individuales, así como las características del barrio de residencia.

Según el estudio, cada diez minutos de tiempo de viaje adicionales a lo planeado significa un 0,5 % más de probabilidad de generar síntomas depresivos pero si ese tiempo de viaje sucede en un atasco, la probabilidad de presentar estos síntomas aumenta a 0,8 %. Es decir, es el tiempo de demora por congestión el que está asociado con síntomas depresivos, pero no el tiempo sin congestión.

De hecho, cuando se comparan los resultados de los usuarios que utilizan el transporte público formal (como metro o autobuses), estos tienen una probabilidad menor respecto a los conductores de vehículos privados, de 4,8 %, de presentar síntomas depresivos.

“El transporte público requiere de menor atención, permite más socialización y la posibilidad de usar el tiempo de viaje en otras actividades, como leer”, ha asegurado Daniel A. Rodríguez, profesor del departamento de Planificación Urbana y Regional de la Universidad de California, Berkeley.

Los habitantes de Fortaleza son los más afectados en su salud mental por atascos, 52 %; le siguen los de La Paz, 51 %; São Paulo, 50 %; Caracas, 43 %; Quito, 42 %; Lima, 40 %; Bogotá, 36 %; Ciudad de Panamá, 34 %; Ciudad de México, 29 %; Buenos Aires, 27 % y Montevideo, 22 %.

El estudio asegura también que no tener paradas de transporte público (formal o informal) a diez minutos o menos a pie del lugar de residencia está asociado con una probabilidad más alta de depresión.

Rodríguez destaca la importancia de las políticas de transporte publico, que favorecen tanto la cobertura de servicio, como la rapidez en corredores que presentan alto tráfico vehicular. “Ademas de generar beneficios de tiempo de viaje y movilidad, también trae beneficios de salud mental. Igualmente, hay que ofrecer opciones de movilidad a los usuarios del automóvil privado que padecen tensión, frustración y estrés por atasco, lo que para algunos usuarios se deriva en la manifestación de síntomas depresivos”, explica.

“Sin duda, la manera en cómo diseñamos nuestras ciudades, desde las características de parques y arborización, hasta los sistemas de movilidad, inciden en la salud de los ciudadanos y al mismo tiempo afectan la naturaleza. Las acciones que generen múltiples beneficios de salud física y mental, y de medio ambiente, serán claves para atender los retos propiciados por el cambio climático”, concluye Rodríguez.

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