Ariel Kalil: “Los padres de bajos ingresos comparten las mismas aspiraciones para el desarrollo de sus niños”

Directora del Center for Human Potential and Public Policy y codirectora del BIP Lab de la Universidad de Chicago

Ariel Kalil, Universidad de Chicago

Debido a que “la mayoría de personas creen que podemos resolver problemas asociados a la niñez a través de la escolaridad”, el rol de los padres ha quedado “invisibilizado” tanto en la investigación como en las políticas puesta en funcionamiento por las distintas administraciones. Sin embargo, Ariel Kalil, directora del Center for Human Potential and Public Policy y codirectora del Behavioral Insights and Parenting (BIP) Lab de la Universidad de Chicago, tiene claro que el ambiente familiar cumple “un papel crucial”.

Aquí es donde pasan la mayor parte de su tiempo, “especialmente durante sus primeros y más cruciales años”, señala Kalil en una entrevista realizada por Andrea Proaño Calderon para el blog Primeros Pasos del BID. Por eso es importante el contexto que envuelve cada hogar. “Hay una noción general de que la vida es más compleja y complicada en los contextos de bajos ingresos y que, mientras el estrés aumenta, también aumenta la probabilidad de procrastinar”.

Tiene sentido pensar que “bajo estrés, podría resultar más atractivo optar por un momento de ocio o mirar televisión durante 20 minutos más que por leer con tus hijos, porque has tenido un largo día y piensas que leerás mañana. No hay duda de que esto sucede en todas las familias, pero podría ser más común en los hogares de bajos ingresos porque están sujetos a más —o diferentes— factores estresantes”.

Y puntualiza: “Esto no significa que esos padres no valoren el retorno que supone la inversión de tiempo en la primera infancia. Encuestas hechas a padres de niños pequeños muestran que tienen expectativas muy altas para el futuro de sus niños y, por lo tanto, están dispuestos a invertir en el presente para aumentar su desarrollo cognitivo. Pero a los padres menos educados o de bajos ingresos les cuesta más convertir lo que desean hacer en lo que realmente hacen”.

A raíz de aquí, surge la pregunta de si se hereda esa tendencia a procrastinar. Si se tiene en cuenta que “la conducta de los niños está moldeada según la de sus padres”, se deduce que eso puede ocurrir “si crecen en hogares que no tienen rutinas” o si los pequeños “no captan la idea de que la razón de hacer las cosas hoy tiene una recompensa en el futuro”.

Esas diferencias entre clases, según Ariel Kalil, se mantienen a pesar de que los padres de bajos ingresos “han ido aumentado considerablemente el tiempo que le dedican a sus niños”. “Los padres menos educados pasan ahora la misma cantidad de tiempo con sus niños que la mayoría de padres más educados lo hacían hace 30 años –continúa–. Pero estos últimos también han aumentado su inversión en el tiempo que pasan con sus hijos, por lo que la inequidad de tiempo compartido en base al ingreso persiste”.

En su opinión, “cerrar estas brechas resulta ser más fácil de lo que habríamos podido pensar, porque sabemos que los padres de bajos ingresos comparten las mismas aspiraciones para el desarrollo de sus niños”. Pero hay que tener en cuenta que la solución no es dar más libros, sino “proporcionar herramientas para una toma de decisiones óptima, donde la mejor decisión sea que los padres hagan lo que dicen que quieren hacer”.

Desde el punto de vista de la ciencia del comportamiento, la crianza se ubica “dentro de un marco de toma de decisiones”. “Las decisiones que toman los padres sobre si leer para sus niños no necesita ser distinta de cualquier otra decisión sobre algo no relacionado con ellos. En definitiva: si tienes una hora por delante, ¿cómo la usarás? Esta es una manera muy nueva de asumir la crianza. Las intervenciones que se han diseñado en torno a este concepto buscan crear las condiciones necesarias para que los padres puedan decidir entre A vs. B: leer vs. no leer, cepillarse los dientes vs. no hacerlo, comer saludablemente vs. no hacerlo”.

¿Cómo lograr este objetivo? Pues ayudando a los padres a “pasar de no hacer nada de lo que dicen que quieren hacer la mayor parte del tiempo, a hacer por lo menos un poco de ello durante más tiempo”. “Para hacerlo, necesitamos manejar diferentes sesgos cognitivos que impiden que los padres hagan las cosas que dicen que quieren hacer –afirma–. Queremos que los padres se fijen objetivos y se proyecten, trayendo el futuro al presente”.

La codirectora del BIP Lab asegura que las herramientas que usan “no son caras, no demandan mucho tiempo a los padres y funcionan en distintos contextos”. “Por ejemplo, enviamos recordatorios vía mensajes de texto a los padres, para que se fijen y cumplan con su objetivo del tiempo de lectura establecido para esa semana. O, si piensan que otros niños no están asistiendo a la escuela tanto como los suyos, les demostramos que eso podría no ser cierto, cambiando los patrones de normalización que se interponen en que hagan las cosas de distinto modo. Se trata de encontrar la manera correcta de adecuar las herramientas que ya existen a las conductas que se quiere cambiar”.

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