lectura, infantil

Por Cecilia Martínez Gomez – Esta columna fue publicada originalmente en el blog Primeros Pasos (@BIDgente) del BID.

Muchos adultos lectores ven en los libros un escape, una forma de vivir otras vidas y una inyección a la creatividad. ¿Pero te has puesto a pensar que incluso antes de que un niño aprenda a leer se puede ver al libro como una herramienta clave de estimulación? En la semana de la alfabetización, reflexionamos sobre esto. 

No hace falta que se enseñe a un bebé a leer, tampoco hace falta que se lo exponga a libros complejos y largos. Al contrario, el secreto está en acercar a los pequeños desde temprano a libros que llamen su atención con muchos colores, formas y palabras simples. Que el adulto haga ver y sentir que el libro es un elemento de juego y de relacionamiento. La ganancia está en la interacción que el adulto tenga con el niño y en asociar al libro con un momento feliz.

Libros, no solo para leer

Cuando hablamos de interacción nos referimos a la respuesta del adulto, ya sea papá, mamá o el cuidador de turno, a la reacción de un niño. Es decir, el niño hace un ruido, balbucea, sonríe y el adulto responde con frases, palabras de aliento, sonrisas o preguntas. Es este acto, aparentemente simple, uno de los secretos para que un niño crezca atento y seguro con los adultos de su entorno.

Muchas veces, las personas que interactúan con los niños no saben cómo relacionarse con ellos, esos seres pequeños, llenos de energía y listos para aprender. Es ahí donde el libro se convierte en la herramienta más sencilla para acercar un relato, nuevas palabras y, más importante aún, un momento de diversión con historias fantásticas y representativas de la cotidianeidad y las circunstancias comunes de la vida.

Entre libros y nuevas tecnologías

Si bien las nuevas tecnologías como un dibujo animado en un smartphone, una tableta, o incluso, la televisión, pueden cumplir funciones similares, estudios indican que la forma en que estas benefician a los niños es al ser consumidas en compañía de adultos, para que la interacción resulte en diálogos constructivos. Cada escena puede iniciar una pregunta, una conversación sobre los personajes. Es por ello que un libro puede llegar a estimular más la imaginación porque las posibilidades son infinitas. En un dibujo animado, el niño tiene la imagen y la historia ya construidas con menor margen para imaginar.

Más allá de la ganancia emocional y de los lazos que se crean a través de una lectura compartida, las interacciones también estimulan a los niños a aprender nuevas palabras y a prepararse para, en años posteriores, entrar al jardín de infantes listos. Un estudio reciente indica que los niños que han escuchado más palabras desde temprano en la vida, tienen mejores resultados escolares.

Consejos para hacer del libro un aliado extraordinario

Sí, un libro podría traducirse en todos esos beneficios para la vida de los más pequeños. Y si todavía te intimida pensar en cómo usarlos, aquí hay seis formas fáciles de usar un libro para estimular a los niños.

1. Elige libros que tengan relación con el entorno en el que vives. De esa forma, te será más fácil hablarles de lo que lees.

2. Si eres una persona creativa e imaginativa, elige libros que tengan muchos dibujos y pocas palabras, de esa forma puedes contar historias diferentes en cada ocasión.

3. Si eres de las personas menos creativas, elige libros clásicos y con una línea definida, eso dará estructura a tu narración y no significará un esfuerzo adicional.

4. Habla de cada imagen en la página, descríbela en detalle con la mayor cantidad de palabras posibles, eso hará que el niño escuche y aprenda.

5. Luego de leer cada oración, haz preguntas a tus niños sobre lo que ven, lo que sienten y lo que opinan, esto desarrollará su comprensión lectora y su capacidad de pensamiento crítico.

6. Cuenta historias con las que el niño o la niña puedan identificarse, incluye detalles que ellos mismos están viviendo o haz comentarios asociados a su vida diaria. Ayúdalos a pensar por sí mismos y a conectar los hechos.

Con estos consejos básicos, no solo criarás niños estimulados y listos para aprender en la escuela, sino ávidos lectores en potencia.

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