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Amalia Puga, la diseñadora que ha reinventado el trabajo de las redeiras de La Guardia sin renunciar a la tradición

Con el proyecto ‘Entre Redes’, la joven lleva el diseño industrial a un colectivo en riesgo de extinción
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Amalia Puga descansa estos días en su paraíso natal de La Guardia (Pontevedra). Siempre que puede, y pandemia mediante, ‘vuela’ de Barcelona a la localidad bañada por la desembocadura del río Miño. La diseñadora pasó buena parte de su infancia saltando de país en país, pero por lejos que estuviera -y eso que la vida la llevó unos años hasta Canadá- admite que en todo momento se sintió conectada a la cultura de la tierra gallega.

“Siempre me gustó crear, trabajar con las manos. Con el tiempo me di cuenta de que lo que me atraía era estudiar a las personas y buscar soluciones”. Estas inquietudes la hicieron recaer en ELISAVA, la Escuela Universitaria de Diseño e Ingeniería de Barcelona, donde se especializó en diseño de producto.

“Creo para contar historias. Me interesan muchos ámbitos y procuro tener una visión abierta, pero, al final, suelo encontrar la inspiración en las tradiciones, la artesanía y las culturas locales”, explica Puga a Innovaspain. Sus obras -catalogadas en una web propia- son fruto de un trabajo inicial de marcado carácter investigador. “Analizo aquellas técnicas y artesanías que me llaman la atención para comprender qué hay detrás de su origen”.

La diseñadora Amalia Puga.

Posteriormente, Amalia Puga lleva a cabo un estudio de mercado con el que determina si merece la pena lanzar un nuevo objeto vinculado a la tradición en la que se ha sumergido. “Si decido dar el paso, comienza la fase creativa. Experimento con bocetos antes prototipar ideas, primero a pequeña escala, con maquetas fabricadas con materiales básicos, como el cartón, y después con los elementos definitivos”.

Todo ello bajo una filosofía bien definida. “Percibo que mi generación está cada vez más concienciada con el valor de los objetos. La sociedad en general empieza a preocuparse por ser más autosuficiente, y para ello confía en soluciones artesanales a nivel local”.

Aprovechar los recursos existentes enlaza con el afán de Amalia Puga por estudiar la tradición, propensa al reciclaje y a no malgastar los materiales. La joven completa su inspiración con lo que le ofrecen sus compañeros de estudios. “Formamos un círculo multidisciplinar en el que todos aprendemos de los demás”. En cuanto a los consagrados, se declara más ‘fan’ de determinadas obras que de artistas, aunque admira el trabajo de Curro Claret, experto en dotar a los materiales de una segunda vida.   

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Entre Redes

Puestos a indagar, cuando llegó el momento de enfocar el trabajo de fin de grado, Amalia Puga optó por poner el foco en su pueblo, “donde el trabajo colaborativo de las mujeres siempre fue clave para la economía local. He pensado mucho en cómo estos lazos pueden derivar en un mayor empoderamiento femenino”.

En el caso particular de las redeiras, dedicadas a la confección de redes de pesca, la diseñadora recuerda que se trata de un colectivo en peligro de extinción debido a la ausencia del necesario relevo generacional. “Para transmitir su papel a las nuevas generaciones tienen que innovar y diversificar partiendo de la traición”, señala Puga. “Empecé a trabajar con ellas con la ilusión de incorporarlas a la creación de un producto que aunara el respeto a sus técnicas con las posibilidades del diseño y la innovación”.

La inmersión duró varios meses. “Me introduje en su mundo; investigué a través de ellas y estudié la evolución de su técnica. Escuché sus historias y hablé con marinos y pescadores. A partir de ahí les propuse distintos experimentos donde la gran complejidad era construir volúmenes a partir de las redes”. Combinaron nudos y uniones hasta dar en el clavo: la silla Bolina, premiada por la Asociación de Diseño Industrial ADI-FAD, y cuyo nombre es un homenaje al apodo familiar del tatarabuelo de Amalia Puga, el marino ‘Tío Bolina’.

Sin adhesivos ni tuercas, la estabilidad de la silla depende de la resistencia de las redes y de la fuerza de los nudos marineros. “Parece una obviedad, pero el reto era que la gente pudiera sentarse sin romperla”. Más allá de Bolina, Amalia Puga y las redeiras de La Guardia han abierto un camino que prevén enriquecedor. “Juntas hemos dado con un sistema constructivo nuevo aplicable a otros muchos productos”. El más inmediato, un conjunto de lámparas fabricadas a partir de redes recicladas en el que han estado inmersas en los últimos meses y que esperan comercializar. “Sigo colaborando con ellas para poner en valor su trabajo y que no dejen de crear”.  

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