Álvaro Frías, psicólogo clínico experto en trastorno límite de la personalidad

"Un estilo educativo sobreprotector es un factor de riesgo para los trastornos de personalidad"

Sentirse vacío o abrumado por emociones muy intensas, con altibajos anímicos frecuentes, ataques de ira e incapacidad para relacionarse adecuadamente con otras personas son algunos de los síntomas que experimentan quienes padecen trastorno límite, el más frecuente de todos los que afectan a la personalidad.

Dos de cada cien personas lo padecen y la forma en que resuelven esas sensaciones intensas pasa, en muchos casos por autolesionarse, haciéndose cortes, quemaduras o golpeándose. Con ello tratan de regular sus emociones, castigarse o expresar su dolor.

La genética explicaría un 35-45% de los casos, pero el detonante hay que buscarlo en el entorno, que puede modificar la forma en que los genes se expresan a lo largo de la vida.

Y la sociedad actual tiene mucho que ver en la aparición de este trastorno, uno de los más graves que afectan a la personalidad y que parece estar en alza. El motivo: la sociedad actual es un caldo de cultivo para esta patología, como explica Álvaro Frías, psicólogo clínico del Hospital de Mataró.

“Las culturas posmodernas favorece el trastorno límite. El relativismo, la superficialidad, el aquí y ahora, la falta de firmeza, de valores y de relaciones más arraigadas son el caldo de cultivo perfecto para que la gente propensa caiga”, señala este experto en trastorno límite de la personalidad.

El culto a la individualidad, la ausencia de interés por el bienestar común, el rechazo del racionalismo, las relaciones con mucha gente, pero ninguna en profundidad propios de la cultura posmoderna, pueden ser ese detonante que facilitan que el trastorno escondido en los genes se manifieste.

Además de las tendencias sociales, el entorno familiar y los vínculos afectivos que se establecen en la infancia también son decisivos, como explica Frías, que coordina el libro editado por Desclée de Brouwer “Vivir con el trastorno límite de la personalidad

El trastorno límite suele darse en dos tipos de familias, las desestructuradas y las sobreprotectoras. “El estilo educativo es fundamental como factor de riesgo para cualquier tipo de patología, no solo el trastorno límite. La sobreprotección en personas muy sensibles y vulnerables puede llevar al trastorno límite incluso en un entorno familiar estructurado. Estas personas se van a haciendo mayores en un ambiente irreal, que contrasta con la vida real donde hay fracasos, problemas amorosos y otras dificultades. En la infancia estas personas tan sensibles son criadas entre algodones. Pero en la vida adulta afloran su altísima sensibilidad, inseguridad y temor al rechazo”, explica el doctor Frías.

En el polo opuesto está las familias desestructuradas, que provocan una invalidación emocional que también desemboca en este trastorno: “No se escucha al niño, que es criticado, y no por un problema de crueldad sino de negligencia, de abuso emocional, que hace que al niño blanco de las críticas o se le deja de lado por problemas de depresión de los padres o de horarios de trabajo interminables”, señala.

El abordaje del de este trastorno no es fácil, resalta Frías. Hay muchas terapias empíricamente válidas. Las más innovadoras se centran en la parte emocional, porque las personas con trastorno límite tienen un problema para regular sus emociones, en la forma de establecer las relaciones y el control de los impulsos.

Por eso, el trabajo terapéutico se centra en desarrollar estrategias para identificar y modular las emociones que tanto les alteran y que acaban en autolesiones. El objetivo final es poder convivir con esa hipersensibilidad emocional sin que repercuta excesivamente en el día a día, especialmente en las interacciones sociales.

En nuestro país son cada vez más frecuentes los casos de adolescentes llevados a la consulta del psiquiatra o psicólogo por sus padres, que detectan autolesiones en sus hijos. Para muchos expertos, aunque no hay consenso generalizado, estas manifestaciones son adaptaciones ante unos sentimientos que les sobrepasan y que les hacen sentir muy mal ya desde la adolescencia.

Cortes en brazos, piernas, ingles, entre los dedos del pie, sobreingestas medicamentosas, quemaduras de cigarros, latigazos, son las principales autolesiones. “Obedecen a tres motivaciones. Autocastigo, lo he hecho mal y me lo merezco. Autorregulación emocional, prefieren el dolor físico al psíquico, es una manera de acallar la voz de la angustia. Y manipulación dirigida a alguien del entorno cuando no consigue su atención de otra forma”, explica Frías.

Este trastorno es probablemente el más angustioso de todos los que afectan a la personalidad. Es difícil hacerse una idea de la angustia que sufren quienes lo padecen. De hecho, este trastorno de la personalidad está en la frontera o límite de la psicosis, por eso recibe el nombre de límite o «borderline», que le fue otorgado en 1938 por el psicoanalista Adolf Stern.

Y si desde fuera resulta difícil de entender, el cine nos acerca a él con todo realismo a través de la película española “La herida”, apunta el doctor Frías. Estrenada en 2013 y dirigida por Fernando Franco, este largometraje ganó dos Goya al mejor director novel y mejor actriz. Relata el día a día de Ana (Marian Álvarez). Tiene 28 años, vive con su madre y parece disfrutar de su trabajo, sin embargo, es infeliz y colecciona cortes en los brazos.

Precisamente en las profesiones artísticas es donde las personas con trastorno límite encuentran con frecuencia su salida profesional. Les van bien “trabajos que les den autonomía e individualidad, que tengan una vertiente más artística, perceptivo sensorial más que mecánica racionalista, y otros que no sean tanto de concentración y estudiar sino de moverse. Saben explotar bien las diferentes ramas del arte”, destaca Álvaro Frías.

Actrices como Lindsay Lohan han hecho público que padecen trastorno límite. Pero no es la única. La página trastornolímite.com recoge algunos nombres más, en su mayoría mujeres. Algo positivo, destaca Frías, porque ayuda a que se desestigmatice este trastorno. También ayuda a conseguirlo que los medios de comunicación hablen sobre esta patología, destaca este experto.

Antonio Cano Vindel, Presidente de la Sociedad Española para el Estudio de la Ansiedad y el Estrés

 

 

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