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Alejandro Fernández Luengo durante la presentación de la cuarta edición de Citizen Bootcamp. (Foto cortesía de Deusto Business School)

"Mi abuela decía: uno se vuelve como la gente con la que va". Siguiendo este proverbio familiar, Alejandro Fernández Luengo tuvo claro desde muy joven que la compañía que buscaba era la de quienes perseguían sus sueños hasta alcanzarlos. O dicho en un argot más especializado, de gente emprendedora. No tuvo que mirar muy lejos. En casa tenía dos. Sus hermanos Marcos y Daniel. De la mezcla de los tres nombres –Marcos, Daniel y el propio Alejandro– salió un bonito juego de palabras que en su día comenzó siendo el sueño de abrir 100 peluquerías en España. Hoy ya son más de 400 en todo el mundo con más de 4.000 estilistas.

Marco Aldany ya es un clásico de las calles. Con una imagen corporativa muy identificable y 23 años de experiencia en el sector. Su objetivo desde el principio fue romper con el concepto tradicional de peluquería. Lo consiguió, aunque no sin sufrimiento en los comienzos. "Los bancos no confiaban en nosotros", recuerda Alejandro Fernández Luengo.

En aquella época Internet comenzaba a apuntar maneras. "Todo lo que sonaba a Internet era el futuro. Parecía que lo demás no tenia sentido. Y nosotros como peluquería, un negocio que depende al cien por cien de lo presencial, lo teníamos mal", recuerda con sentido del humor el fundador de Marco Aldany. Tanto fue así que los tres hermanos se plantearon incluso cambiar el nombre a marcoaldany.com; o al menos durante un tiempo hasta que pasase el vendaval de aquella cosa llamada Internet. No lo hicieron. Y por supuesto el vendaval ya se sabe cómo terminó: Google, Facebook, Twitter, Instagram, YouTube, Netflix, Amazon...

Marco Aldany no solo sobrevivió a Internet, sino que se consolidó como una franquicia de referencia en España. Aunque Fernández Luengo le quita importancia. "Cuando se monta un negocio no hay que ser tan disruptivos, solo aportar valor añadido. Si nosotros lo hicimos con una peluquería, vosotras también podéis con lo que os propongáis", recomendaba la pasada a los emprendedores que van a comenzar una nueva edición de Citizen Bootcamp, el programa de Deusto Business School y Citibank.

De hecho, el también presidente de Alma Corporation –que engloba, además de a Marco Aldany, a Rizos, Mister A, Superpelu, Compadre Barbers, Rockgym y Ayoga– mira de tú a tú a la actual crisis y asegura que "es un momento espectacular de oportunidades". Sus dos grandes logros como emprendedor, Marco Aldany y Mi Casa Inn, cadena de residencias de estudiantes y espacios de Coliving, nacieron en un contexto de crisis. La primera, en la crisis económica española de los 90; la segunda, con la crisis financiera mundial de 2008.

"Se me conoce por los éxitos de dos negocios, pero nunca se menciona que fracasé 15 veces, con 15 proyectos diferentes. Fracasar ha sido mi verdadero éxito porque gracias a ello he podido aprender y tener éxito después", reflexiona. De los "vientos en contra", como denomina Alejandro Fernández Luengo a las crisis, ha extraído una enseñanza que todavía le dura: "Generan menos competidores y más oportunidades de mercado". De ahí que el COVID-19 sea, a su modo de ver, "un impulso para generar nuevas ideas".

Del ecosistema emprendedor actual, muy diferente al que formó parte en sus inicios, disiente de una cosa muy de moda que a veces se convierte en un objetivo ficticio para las startups que quieren alcanzarlo: los unicornios. "Montar una startup para que te la compren por una fortuna es un error. Últimamente parece que hay más emprendedores que población mundial. El ecosistema debe centrarse, y sobre todo apoyar aquellos proyectos que generen valor. O dicho de otra forma: que hagan la vida mejor a la sociedad", apunta.

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