Alberto Rojo, físico, escritor y músico argentino

“No he conocido ningún físico activo que no haya leído a Borges”

Alberto Rojo. Foto: Exactas Comunicación.
Alberto Rojo. Foto: Exactas Comunicación.

Se licenció y doctoró en Física en el prestigioso Instituto Balseiro de Bariloche. Tiene decenas de trabajos publicados en revistas científicas internacionales y, actualmente, es profesor del Departamento de Física​ de la Universidad de Oakland, en Michigan (EE.UU.). Pero, junto a sus investigaciones, que recorren la física cuántica y la matemática aplicada, Alberto Rojo compone música, pinta, escribe libros, es un prolífico divulgador de la ciencia, estudia dibujo y da conciertos de guitarra.

Es difícil de clasificar. Y le gusta que sea así. “Nos metemos dentro de ciertos cubículos de clasificación cuando, en realidad, esos cubículos son simplemente artificios para poder clasificar un poco nuestro conocimiento de la naturaleza. Creamos esas cosas y después muchas veces nos encorsetamos en esas clasificaciones y quedamos en estereotipos”. Él se limita, según sus palabras, a hacer lo que le gusta.

Rojo ha escrito sobre ciencia desde muy diversos puntos de vista y en relación con otros muchos campos, por ejemplo, la religión. En ambos casos, dice, “hay ciertos elementos de actos de fe”. También ha abordado temas como el azar en la vida cotidiana. “Hay muchísimos casos de descubrimientos científicos simultáneos de gente que no tiene contacto entre sí. En el fondo hay como una especie de mente colectiva que se va moviendo dentro de un sistema azaroso, pero todos más o menos por el mismo carril”, dice en una entrevista a nexciencia.exactas.uba.ar.

Borges, poeta de los científicos
“Los anticipos literarios de la ciencia también van de la mano de esa mente que estaba intuyendo, una intuición colectiva que es parte de la ciencia y que transpira hacia otras disciplinas que no entienden la ciencia. Ahí está, yo creo, la conexión con el arte en cierto punto. Porque la ciencia es una creación de la mente; es la manera que tenemos nosotros de entender la naturaleza. La misma imaginación que crea el arte es la que crea la ciencia; y por eso es que hay anticipos científicos en la literatura. Hay ideas que, cuando son bien sofisticadas, caso Borges, caso Lewis Carrol, caso Swift, terminan después desembocando en la ciencia”.

Él es un gran aficionado de la obra de Borges, a quien llegó a conocer y que define como “el poeta más citado por científicos”. “La poesía tiene algo de vínculo con la ciencia en el sentido de que es la búsqueda de la verdad; pero la poesía avanza sobre lo inexpresable y, como en la física y en las matemáticas, muchas veces te encontrarás con enunciados matemáticos sobre la naturaleza cuyo significado en nuestras palabras es difícil de desentrañar, necesitas de la metáfora que sea capaz de avanzar más allá, acercándonos a lo inexpresable”, afirma.

“Borges, además de ser muy lírico y pasional, construye esas metáforas con mente racional, porque es un escritor de ideas –continúa-. Expresa ciertas verdades que tienen que ver con la ciencia sin saber ciencia. Y, constantemente, aparece como auxiliar en la lógica del pensamiento. Además de que hace anticipos, como el caso de física cuántica. Él está anticipando, sin saber, cosas que no sabe que sabe. No he conocido ningún físico activo que no haya leído a Borges y que no sepa frases enteras de él”.

Transmitir la fascinación
La divulgación científica también es uno de sus caballos de batalla, sobre todo porque es consciente de que el sistema educativo provoco que los alumnos tengan miedo a las matemáticas, la física, etc. “El miedo es a la nota y a la vergüenza de ser peor que el de al lado, y sentirte medio bruto porque no entendías ecuaciones. A los chicos les encanta pintar, les encanta cantar, y se asombran; se asombran de todo. Entonces, deberíamos construir sobre esa sensación de asombro y empezar a estimular con la lógica que hay detrás de eso, sin evaluarlo después y decirle: ‘no aprendiste la regla de tres simple’”.

También tienen parte de responsabilidad los propios científicos. Algunos de ellos, afirma Alberto Rojo, prefieren “esconderse detrás de la complejidad” porque creen que si se entiende todo la gente pensará que es muy simple. “Y eso es una tragedia”. En su opinión, “los mejores divulgadores son los que entienden mejor lo que hacen”. “Cuando yo tenía 11 años, mi viejo me enseñó la Teoría de la Relatividad y me quedé fascinado. La clave es transmitir la fascinación”.

 

Dejar una respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here