Tecnología para saber más sobre la civilización chilena con las momias más antiguas

Momias de Chinchorro de la colección no expuesta del MNHN al entrar en el escáner. / MNHN
Momias de Chinchorro de la colección no expuesta del MNHN al entrar en el escáner. / MNHN

Dos mil años antes que los egipcios, la cultura de los Chinchorro, una civilización precolombina mucho menos conocida de pescadores recolectores que vivieron entre el norte de Chile y el sur de Perú, llevó a cabo las primeras momificaciones de las que se tiene historia: los ejemplares encontrados relatan un culto a los muertos fascinante y lleno de misterios. Quince de ellas pasan por un escáner para arrojar luz sobre algunos de sus aspectos más oscuros y entrar en la era 3D.

Forman parte de la colección no expuesta del Museo Nacional de Historia Natural de Chile (MNHN) y se someten a uno de los escáneres más sofisticados del momento para estudiar aspectos hasta ahora inaccesibles y tratar de resolver algunas de esas incógnitas: edad, enfermedades que padecieron y proceso de momificación.

Según recoge la Agencia SINC, el escáner introduce a las momias en la realidad aumentada con el objeto de realizar una reconstrucción facial de un hombre y una mujer para mostrar por primera vez cómo eran los antepasados de los chilenos; y también de una impresión 3D que facilite el trabajo de los científicos y permita la exposición de los cuerpos sin dañar su preservación.

Se pretende así arrojar luz sobre una civilización con una compleja emocionalidad y cosmovisión en torno a la vida y la muerte y cuyo culto mortuorio está lleno de enigmas. Una de las hipótesis del origen de la momificación de esta civilización sería el arsénico que se encuentra de forma natural en el terreno volcánico del valle de Camarones, en el norte de Chile, donde se encontraron las primeras momias a comienzos del siglo pasado. Este arsénico endémico del valle sería el responsable de abortos espontáneos, bebés nacidos con poco peso o partos prematuros, es decir, de una alta mortalidad infantil.

Bernardo Arriaza, director del Laboratorio de Bioarqueología del Instituto de Alta Investigación (IAI) de la Universidad de Taracapá, al norte de Chile, especula que las momias surgieron como una forma de lidiar con el duelo de tantos bebés perdidos, y que de ahí la tradición podría haberse extendido a los adultos. Es solo una teoría con la que no todos los estudiosos se muestran de acuerdo, pero la realidad es que las primeras momias encontradas pertenecen en la mayoría de los casos a niños y fetos.

En cualquier caso todos los expertos destacan el conocimiento anatómico que poseía esta cultura antigua. “Me asombra que en todos estos cuerpos que han sido modificados y transformados siempre encontramos todos los huesos en su posición anatómica correcta, no hay mezcla de un individuo con otro. El preparador fúnebre sabe lo que está haciendo, dónde van los huesos, cómo articularlos, cómo amarrarlos, cómo cortar y cómo cercenar. Es experto”, explica Arriaza.

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