Brasil violencia

Por Aimee Verdisco – Esta columna fue publicada originalmente en el blog Enfoque Educación del BID.

¿Cuál es el costo de la violencia? Comencemos con el lado humano. En Brasil, cerca de 60 mil personas son asesinadas cada año, o 29 de cada 100 mil habitantes. Ese número es el más alto entre todos los países del mundo, con excepción de aquellos en guerra. De hecho, cerca del 10% de todos los homicidios del mundo acontecen en Brasil. Agreguemos a estos datos el costo económico. En 2014, Brasil perdió casi 4% de su PIB – cerca de 124 billones de dólares –a raíz de la violencia, una cifra que equivale a más de seis veces la inversión en el programa Bolsa Familia. Y aunque la violencia afecta a toda la sociedad, los jóvenes la viven mucho más de cerca.

36% de los jóvenes brasileños entre 15 y 24 años son víctimas de homicidio. Estos jóvenes que viven y crecen en un contexto de violencia tienen menos oportunidades de alcanzar su potencial pleno como ciudadanos productivos y comprometidos con la sociedad. En este sentido, la neurociencia nos puede ofrecer algunas explicaciones:

  • El cerebro no puede desarrollarse adecuadamente en ambientes violentos.

El desarrollo cerebral ocurre a través de estímulos interactivos e iterativos, motivados por la genética y el ambiente. En los adolescentes, por ejemplo, los impulsos afectivos y emocionales son más fuertes en el cerebro que otros procesos más controlados como la atención o la inhibición. Esto hace que el cerebro se vuelva más susceptible a la gratificación y la ganancia inmediata.

  • Cuánto más cerca está el adolescente de la violencia, mayor es el impacto de la misma en su aprendizaje

Ser joven y estar expuesto a factores de estrés tóxico es una mezcla explosiva. Cuando están bajo situaciones de estrés tóxico, los jóvenes toman más riesgos con bajo niveles de autocontrol y más impulsividad. Sus cerebros se orientan exclusivamente hacia un objetivo único: sobrevivencia – lucha o escape.  Este modo de sobrevivencia consume la mayor parte, sino toda, de la capacidad del cerebro, dejando al aprendizaje como última prioridad para las funciones cerebrales en un ambiente de violencia. De hecho, un joven que es testigo o participa en un acto de violencia, como un asesinato o un ataque similar, puede perder el equivalente a un mes de aprendizaje en matemática o lenguaje.

  • Nuevos descubrimientos nos ayudan a entender mejor la relación entre el estrés, la violencia y el aprendizaje

Para entender mejor la relación entre el desarrollo del cerebro de un joven, su aprendizaje y la violencia, la FLACSO, la PUC-RS y el BID se unieron en una colaboración innovadora que combina un enfoque tanto de neurociencia como de educación. Una investigación realizada por la FLACSO seleccionó escuelas grandes en las ciudades de Fortaleza y Porto Alegre para explorar el efecto de una variedad de estreses tóxicos existentes en el ambiente escolar. El estudio mostró la incidencia de actos de violencia entre alumnos e, incluso, entre alumnos y profesores. Además, en los hogares de estos estudiantes se encontraron claros indicios de exposición a actividades de riesgo como tráfico de drogas, robos, asaltos y violencia doméstica. Esto se suma al hallazgo de una tasa alta de sobre edad en el sistema educativo, un factor de riesgo en sí mismo.

En los próximos meses, la PUC-RS investigará las escuelas de Porto Alegre para estudiar la relación entre el estrés tóxico y el aprendizaje de los jóvenes usando técnicas de punta que combinan epigenética y neurociencia. Una simple hebra de cabello, por ejemplo, puede proporcionar una perspectiva a largo plazo sobre los niveles de cortisol, una hormona asociada con el estrés. El primer centímetro, medido a partir del folículo capilar, guarda información sobre la producción de cortisol en los meses anteriores; el segundo centímetro sobre los dos meses anteriores, y así sucesivamente. El estudio de cortisol en las muestras de cabello nos da una medida precisa de las concentraciones de esa sustancia por largos períodos de tiempo.

Los niveles de cortisol también pueden medirse utilizando muestras de saliva. Estas muestras son tomadas para identificar el nivel actual de los jóvenes y para evaluar posibles desencadenadores de efectos violentos y agresividad. Los resultados preliminares del estudio con muestras de cabello y saliva indican que más de 90% de los adolescentes que participaron fueron víctimas de violencia directa o indirecta, independientemente de si atendían una escuela en un área violenta de Porto Alegre.

Los resultados de esta investigación permitirán establecer nuevos parámetros y mejorar la forma en la que entendemos el desarrollo cognitivo y biológico de los adolescentes. Conocer más acerca de estos procesos es fundamental para encontrar respuestas a la pregunta de cómo exactamente podemos romper el círculo vicioso de la violencia juvenil.

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Esta entrada fue escrito en colaboración con Augusto Buchweitz (Instituto do Cérebro, PUCRS) y Miriam Abramovay (FLACSO Brasil). La versión original fue publicada en portugués por Ideação, el blog del BID dedicado a las políticas sociales y económicas de Brasil.

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