Hace unos meses y coincidiendo con el Día de la Mujer, leí una noticia en la que decían que, en el mundo, 57 países han tenido en algún momento de su historia a una mujer como presidenta o primera ministra; sin tener en cuenta reinas, mujeres que ocuparon el cargo de manera interina o en contextos claramente no democráticos. La cifra me despertó cierta esperanza. Vivimos en 2017 y parece que por fin la cosa está cambiando: 16 países cuentan con una presidenta o primera ministra, actualmente.

Sin embargo, la desesperanza no tardó en volver. Sólo 14 de las 350 compañías más grandes de Europa tienen como CEO a una mujer, según datos de Financial Times. A esto hay que sumar la última encuesta de realizada por Adecco a Mujeres Directivas que desvela 9 de cada 10 ejecutivas españolas piensan que no existen suficientes medidas para lograr la igualdad en la empresa y afirman que la principal dificultad reside en que hay una mayoría masculina en los consejos de dirección de las empresas. Cifra a la que hay que añadir que cerca del 80% de las directivas españolas cree que sigue existiendo discriminación salarial por cuestión de género, frente al 65% de 2015.

¿Qué está pasando? ¿Cuáles son los verdaderos motivos? ¿Falta de talento? ¿Preparación? Nada de eso. La práctica demuestra que las empresas fundadas y lideradas por mujeres tienen tasas de éxito más altas.

Parece que es más fácil reconocer el talento y esfuerzo de mujeres que han marcado la historia como Maria Curie, científica pionera en el estudio de la radiactividad, Ada Lovedace, la madre de la programación informática o Hedy Lamarr, inventora de la tecnología precursora del wifi, Bluetooth y GPS… Pero contamos con mujeres que están haciendo historia a día de hoy: María Dolores Dancausa Treviño, CEO de Bankinter; Marta Martínez, presidenta de IBM España, Portugal, Grecia e Israel; Irene Cano, presidenta de Facebook España; y un largo etcétera.

Mujeres comprometidas cada día por seguir aprendiendo, por esforzarse en innovar, en emprender nuevas ideas y proyectos… Más allá de lo que digan los manuales del buen feminismo, estoy convencida de que corresponde a hombres y mujeres la tarea de alcanzar la igualdad efectiva entre ambos. No se trata de feminismo sino de igualdad de oportunidades en el plano profesional, económico, político y social porque ¿qué sociedad puede permitirse prescindir de la mitad de su población?

Queda un largo camino por recorrer, ¡manos a la obra!

No hay comentarios

Dejar una respuesta