Este artículo ha sido publicado en el Anuario de la Innovación en España 2016

El 23 de noviembre de 2015, muchos ojos se volvieron hacia Galicia cuando PSA Peugeot Citroën probó su coche autónomo con un recorrido pionero entre las fábricas de Vigo y Madrid. Un avance en el que Galicia ha participado con una investigación decisiva sobre el interfaz hombre máquina, lanzada con el impulso de la Xunta de Galicia, y que unió los esfuerzos de la propia multinacional francesa, el Centro Tecnológico de la Automoción de Galicia, y el Centro de Innovación y Servicios de Galicia.

El proyecto es parte de un programa de 19 Unidades Mixtas de Investigación promovidas por el Gobierno gallego gracias al que 300 investigadores están llevando a cabo avances punteros en campos como la lucha contra el cáncer, los medicamentos para frenar el dolor, o el desarrollo de tecnologías para implantar en nuestra industria conservera la fábrica inteligente.

Todos ellos son símbolo de una visión compartida por los gallegos: invertir en innovación ya no es que sea beneficioso, sino que es imprescindible. Porque innovar no es sólo el puente hacia la competitividad, las exportaciones, y los empleos estables y de calidad, sino que con una nueva revolución industrial en puertas; innovar es la única llave hacia la supervivencia de cualquier empresa.

Nuestro tejido fabril se enfrenta a un desafío inédito en décadas, la Industria 4.0, que viene marcada por cambios a distintos niveles: supone, en primer lugar, la integración vertical de la fábrica inteligente, que se extiende a las redes de energía, la logística y los productos. Además, necesita de una nueva colaboración interempresarial que una a nuestras cadenas de valor a través de plataformas globales de información. Y por último, supone la implementación de tecnologías cada vez más baratas y accesibles, como los avances en inteligencia artificial y conectividad, desembocando en el internet industrial de las cosas; la robótica avanzada; los nuevos sensores; los avances en virtualización; la impresión en 3D; y, por encima de todos ellos, el Big Data.

Es un desafío a la manera misma de pensar, de hacer, de distribuir y de comercializar los productos, y necesita de una respuesta coordinada y decisiva por parte de la administración, las empresas y los centros de conocimiento. Galicia ya ha dado un paso al frente: buscando alianzas con otras regiones del continente a través de su integración en la europea Vanguard Initiative, pero sobre todo con dos estrategias que canalizan todo nuestro peso industrial e innovador: la Estrategia de Especialización Inteligente y la Agenda de la Competitividad Galicia-Industria 4.0.

El ingeniero Andrew Grove, que fue clave en la expansión mundial de los microchips desde su puesto a la cabeza de Intel, dijo en una ocasión que su empresa apostaba “por productos que no han sido diseñados para mercados que no existen”, y definía a sus fábricas como “campos de sueños”.

La llegada de la fábrica inteligente hace sus palabras casi proféticas. Una factoría que permite una personalización masiva y un enorme crecimiento de la eficiencia, entre otros muchos beneficios. El salto es de tal calibre que la industria europea ya se ha concienciado de que aquellas empresas que no apuesten por transformar sus factorías, perecerán.

La magnitud tecnológica, logística y financiera de este reto hace imprescindible que la Administración pública, el tejido empresarial y los centros de conocimiento se unan y colaboren. Es la filosofía, precisamente, de varias Unidades Mixtas de Investigación que buscan desarrollar tecnologías de este ámbito; o del Concurso de Ideas Industria 4.0, con el que buscamos desarrollar los avances que necesitan las pymes de nuestros sectores estratégicos para implantar las nuevas fábricas.

Pero además de ese apoyo a nuestras pymes, debemos atraer grandes inversiones que hagan de elemento tractor de la I+D+i y la creación de empleo. Es la política que estamos planteando, por ejemplo, en el polo tecnológico e industrial de aviones no tripulados de uso civil, que sumará 115 millones de euros público-privados y convertirá a Galicia en líder europeo del sector, con las multinacionales Inaer e Indra como socios estratégicos.

La elección de socios industriales de ese calibre responde a ña convicción de que con ellas será posible conseguir transformaciones a gran escala, y por eso extenderemos ese modelo a todo el tejido productivo con la Iniciativa Captación de Inversiones 4.0, que supone un nuevo impulso a nuestra política industrial, con un programa pionero para atraer proyectos de más de 50 millones de euros en I+D y tecnologías asociadas promovidos por grandes empresas, sumando apoyos públicos hasta el 40% del coste de la iniciativa.

Galicia está focalizando su política económica en la industria y la innovación. Un rumbo basado en la convicción de que en un mundo de competencia global, sólo aquellos capaces de estar a la vanguardia tecnológica mundial podrán atraer los mejores flujos de capital, de talento, de empleos de calidad y, en definitiva, de bienestar. Sólo aquellos que construyan su futuro sobre las ideas, tendrán una oportunidad en el ecosistema industrial que viene.

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