Hacia 1970 en Estados Unidos y Europa se empezaban a fundar los primeros laboratorios y clínicas del sueño. Un par de décadas antes, los avances en cronobiología, el descubrimiento del sueño REM (la fase en la que se producen los ensueños) y los estudios sobre apnea del sueño, hicieron que se dejara de considerar el descanso nocturno como algo pasivo opuesto al despertar y empezó a reconocerse su importancia para la salud.

En ese clima de interés creciente, en 1979 se puso en marcha el primer laboratorio del sueño en España, en la Facultad de Medicina de la Universidad Autónoma de Madrid. Lo dirigía una mujer, Isabel de Andrés, bióloga de formación.

Durante la carrera de Biológicas en la Universidad Complutense de Madrid hizo una tesina en un tema de neuropaleontología, dirigida por Emiliano Aguirre, que unos años más tarde inició el estudio de los yacimientos de Atapuerca. “Esa tesina despertó mi interés en el estudio del sistema nervioso, especialmente desde el punto de vista evolutivo” señala Isabel de Andrés.

“En 1969 al acabar la carrera la Universidad Autónoma de Madrid echaba a andar y tuve la fortuna de ser contratada por la Facultad de Ciencias para impartir clases prácticas dee Biología a los alumnos de primero de Medicina. Gracias a esta circunstancia conocí al Profesor Fernando Reinoso director del Departamento de Morfología de la Facultad de Medicina en 1970. Una de sus líneas de trabajo era sobre los mecanismos nerviosos del sueño, que esperaba iniciar cuando consiguiese equipamiento para montar un laboratorio. Me llamó mucho la atención que se pudiera investigar el sueño”, explica.

Para abordar el estudio del sueño, Isabel de Andrés cuenta que tuvo que asistir a clases de neuroanatomía y neurofisiología con los alumnos de segundo de medicina. Y también estudiar cortes seriados del encéfalo de gato “para familiarizarme con el sistema nervioso de la especie que se iba a utilizar como modelo en la investigación sobre el sueño”.

Empezó su tesis doctoral sobre las bases neurobiológicas del sueño. Paralelamente, en la Facultad de Medicina de la Autónoma, recién inaugurada, se buscaba la ubicación de una cámara insonorizada y aislada eléctricamente, imprescindible para estudiar el sueño.

Elegido el espacio, “en octubre de 1971 llegó el equipamiento del laboratorio para estudios experimentales de sueño que consistió en un polígrafo MINIHUIT de 8 canales y en un sistema de análisis de señales y datos que constaba de varios elementos: un convertidor analógico-digital DIDAC 4000, un ordenador MULTI 8 en el que se podían introducir datos y programas con un teletipo o bien a través de un lector óptico de cinta perforada. Los aparatos del sistema de análisis de señales y datos se encuentran actualmente en el Museo de la Escuela de Informática de la UAM”, detalla la doctora De Andrés.

Empezó así un periodo de formación intenso para adquirir nociones de cirugía que le permitieran manejar a los gatos, los animales de experimentación en el estudio de sueño, de anestesia, de manejo de los aparatos de experimentación… “No fue fácil este periodo de aprendizaje”, recuerda. Y apunta que tenía que hacer muchas horas extra, para adquirir la destreza necesaria, incluidos los sábados, cuando el resto de los miembros del departamento se iban, ella permanecía allí hasta las seis de la tarde.

Pero el resultado mereció la pena. Su tesis doctoral supuso el inicio del laboratorio de estudios experimentales del sueño de la Faculta de Medicina de la Autónoma, el primero en España. A la vuelta de su estancia posdoctoral en la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA), en 1970, se puso al frente del laboratorio.

“Aprovechando la experiencia de mi estancia en UCLA  iniciamos en el laboratorio la línea de investigación de los efectos en el sueño y en el electroencefalograma de los opiaceos y la utilización de animales con una transección en el mesencéfalo para estudiar mecanismos del sueño mediados por prosencéfalo y el tronco cerebral”, explica.

Después vendrían otras innovaciones que permitieron que en su laboratorio se descubriera el lugar del cerebro que nos permite soñar cada noche: “la región ventral del tegmento pontino oral como región desencadenante del sueño REM”.

Gracias a la labor pionera realizada comenzada en la década de los setenta en Estados Unidos y Europa en muchos laboratorios del sueño como el de la Facultad de Medicina de la UAM, se logró un gran avance “en el conocimiento sobre sus mecanismos. Creo que es muy importante que haya surgido por doquier lo que se denomina la Medicina del Sueño,  que ha permitido a los clínicos entender los aportes de la investigación básica sobre el sueño para abordar los trastornos del sueño”, resalta Isabel de Andrés.

Sin embargo, pese a lo mucho que se ha avanzado desde entonces, “el sueño en parte sigue siendo un enigma, conocemos bien sus manifestaciones, también sus mecanismos en la normalidad y en muchas de sus patologías. Pero, sabemos menos de sus funciones, aunque ya admitimos que el sueño está al servicio del buen funcionamiento del organismo y que interviene en múltiples funciones. No obstante, aún no conocemos la razón de existir las distintas etapas del sueño que tienen manifestaciones bioeléctricas muy diferentes”, señala la doctora De Andrés.

Y mirando hacia atrás, resalta que de no haberse interpuesto en su camino el nacimiento de la UAM, hace casi 50 años, tal vez ella hubiera acabado en los yacimientos de Atapuerca, donde Emiliano Aguirre, su director de Tesina, tuvo hasta su jubilación, un papel muy destacado. Sin embargo, el sueño se interpuso en su camino y hoy es una figura relevante en su estudio.

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