En 1926, las actas de la que hoy es la Real Sociedad Española de Física y Química resaltaban con agrado una novedad: “La colaboración, tanto más de estimar cuanto menos frecuente, de dos de las muy distinguidas señoritas que figuran como socios y trabajan en el laboratorio con asiduidad digna de ser imitada, y sumo acierto. Debe la Sociedad felicitarlas y felicitarse, al propio tiempo, de que la atracción que sobre las vocaciones de las señoritas Pradel y Martín Bravo ha ejercido la investigación científica haya impulsado su voluntad hacia inexplorados campos y hayan sido las primeras en traernos y ofrendar a nuestra sociedad sus bien encaminadas investigaciones”.

Lo recoge Carmen Magallón, doctora en Física, en su libro, Pioneras españolas en las ciencias (CSIC). La entrada de mujeres en la Sociedad de Física y Química prácticamente desde su creación, en 1903, no era lo habitual en otros países. Ni siquiera Marie Curie, a punto de recibir su segundo Nobel, fue admitida en 1911 en la Academia de las Ciencias de París. En 1935 esta institución seguía en la misma línea restrictiva: Irene Joliot-Curie, Nobel de Química, experimentó el mismo rechazo que su madre.

Curiosamente, Marie Curie sí se convirtió en socia honoraria de la Sociedad Española de Física y Química. Y es que en España “no se dio esa mirada despreciativa dentro de los equipos de investigación hacia las mujeres que iniciaban su carrera. La mayoría eran hijas de intelectuales o de familias de clase media favorables a la educación femenina y las reciben con paternalismo, sin negarles la entrada”, aclara Carmen Magallón.

Sin embargo, Felisa Martín Bravo y Carmen Pradel, no fueron las primeras en entrar en esta Sociedad. Ese mérito lo tuvo Martina Casiano Mayor en 1912, nueve años después de la creación de la Sociedad de Física y Química. Nacida en 1881, no fue una estudiante brillante y tuvo que repetir un curso. Pero su tesón la llevó a remontar y obtener a una plaza como maestra en la escuela elemental primero y luego en la superior, con la calificación de sobresaliente.

No está claro si Martina obtuvo un título superior, pero no dejó de ampliar conocimientos, especialmente en las asignaturas que impartía: fundamentalmente Física y Química, pero también Agricultura, Ciencias Físicas y Naturales, Aritmética, Álgebra y Geometría. En 1911 obtuvo una beca del Ministerio de Instrucción Pública parar ampliar sus estudios en Madrid.

Durante su estancia de seis meses en Madrid hizo prácticas de Química en la Facultad de Farmacia, con los profesores Casares y Piña. Fueron ellos quienes la presentaron en 1912 en la Sociedad Española de Física y Química, convirtiéndose en la primera mujer en entrar. El 27 de junio de 1912 la Junta para la Ampliación de Estudios le concedió otra beca para estudiar un año en Alemania. Fue de las primeras mujeres en recibir esta ayuda.

Dato erróneo

Pese a ello, pasó desapercibida, como refleja el hecho de que en 1921 Carmen Pradel fue felicitada erróneamente en la propia Sociedad como primera mujer en lograrlo. Carmen Pradel trabajó en la Sección de Físico-Química del Laboratorio de Investigaciones Científicas (Instituto Nacional de Ciencias). Consiguió obtener y analizar una serie de compuestos nuevos. Detectó errores en la bibliografía de los compuestos análogos y confirmó la existencia de “amoniacatos de los complejos oxalatobismúticos”. Con esos resultados hizo su tesis y obtuvo el grado de doctora en la Facultad de Farmacia.

Felisa Martín Bravo fue primera doctora en Física en 1924 y la primera en acceder al Instituto Nacional de Meteorología. Tras la Guerra Civil se ignoraron sus méritos, fue cesada y se convirtió en otra de las figuras ocultas españolas.

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